domingo, 10 de noviembre de 2013

Los escoceses tienen fama de ser tacaños.
Yo intento ser lo más generoso que puedo
sin lastimar demasiado mi economía.
Pero sí, de repente regalo, doy de corazón y complazco...
En cambio tengo un hermano que se dis




tingue por ser dadivoso...
A lo mejor he creído  que lo hace al estilo político:
da, --he pensado-- para obtener algún beneficio..
Pero hoy he recibido de mi consejero espiritual
esta recomendación que me hace pensar:

Todo lo que regalamos vuelve a nosotros
multiplicado; cuando mostramos amor
o entendimiento, cuando somos suaves
o expresamos preocupación genuina,
generalmente lo mismo volverá derecho
a nosotros. Quizás no en especie,
tal vez no de maneras que esperábamos,
sin embarg
o, nuestros regalos tienen frutos.



Muchos de nosotros hemos anhelado amor
y seguridad proveniente de otros
con una promesa de eternidad; inevitablemente,
tememos que, con el tiempo,
ese amor o seguridad desaparezcan.
Cuando vemos la vida con una perspectiva
pobre, ninguna clase de amor puede reforzar
nuestro sentido de valor.

Así, un regalo dado con el interés de obtener un beneficio
no convence al recipendario y rara vez lo agradece.

Cuán diferente el mundo parece cuando
damos amor desinteresadamente en lugar
de aguardar el amor, la atención
o la comprensión de otros.

Garantizamos recibir las buenas sensaciones
que anhelamos cada vez que compartimos
esos sentimientos con un compañero de viaje.

Estoy a cargo de lo que recibo de otros hoy.
Obtendré lo que doy voluntariamente.

Al fin y al cabo, desde los enamorados, hasta los que buscan obtener
algo a cambio de un obsequio, en todos los casos hay una eacción de agradecimiento.
Ya, con eso, 
hemos dado un paso hacia un objetivo lício y ético:

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